
A ver, Areografía (no Aerografía como escriben algunos despistados) es un poemario no muy extenso en tres capítulos. Cada capítulo tiene su enjundia, pero no voy a profundizar mucho en ello por dos motivos: en primer lugar porque aquí cada uno entiende lo que le da la gana, y en segundo lugar, porque había tomado notas pero no entiendo mi propia letra, manda cojones. Lo fundamental es que el leitmotiv de toda la obra es Marte; suena a frikada, y posiblemente lo sea, pero lo cierto es que te pones a leer y te encuentras versos realmente conmovedores al respecto. La influencia de los autores clásicos de la ciencia ficción, especialmente Bradbury (ineludible por Crónicas Marcianas) está ahí, y más o menos se puede entender lo que quiere decir, algo que hay que poner en valor porque hoy en día es habitual encontrarse con autores que empiezas a leer y dices Pero qué coño me está contando este chamaco.
Y poco más puedo decir sin caer en spoilers. Este libro lo edita una editorial con sede en Alemania que se llama I Filo Sofía, que al parecer la lleva una mina de Santander que también escribe sus cosas, aunque todavía no he tenido la oportunidad de leerla. Pero vamos, esto os da igual porque a efectos prácticos lo que os interesa es que el libro os lo pilláis en Amazon por el precio que cuestan dos cubatas en los que encima os ponen garrafón y, si no andáis avispados, algo de burundanga. Al día siguiente os despertáis con una resaca que es como si os hubiesen metido un destornillador en el cerebro, sin acordaros de nada y con la casa desvalijada, todo por no hacer caso de mi recomendación. Porca miseria.
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